Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
Hermanos:
Yo, al tener noticias de la fe que tienen en Jesús, el Señor, y del amor que dispensan a los creyentes, los recuerdo en mis oraciones y no me canso de dar gracias a Dios por ustedes.
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre a quien pertenece la gloria, les otorgue un espíritu de sabiduría y de revelación que se lo haga conocer. Que les llene de luz los ojos del corazón para que conozcan cuál es la esperanza a la que los llama, qué inmensa es la gloria que ofrece en herencia a su pueblo y qué formidable la potencia que despliega en favor de nosotros los creyentes, manifestada en la eficacia de su fuerza poderosa.
Es el poder que Dios desplegó en Cristo al resucitarlo triunfante de la muerte y sentarlo en el cielo junto a sí, por encima de todo principado, potestad, autoridad y dominio, y por encima de cualquier otro título que se precie de tal, no solo en este mundo presente, sino también en el futuro.
Todo lo ha puesto Dios bajo el dominio de Cristo, constituyéndolo cabeza suprema de la Iglesia que es el cuerpo de Cristo, y, como tal, plenitud del que llena totalmente el universo.
R/. Has puesto a tu hijo al frente de tus obras.
Señor Dios nuestro,
¡qué grande es tu nombre en la tierra entera!
Alzas tu gloria sobre los cielos
y de la boca de lactantes y niños,
has hecho un baluarte frente a tus rivales. R/.
Miro el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has fijado,
¿qué es el mortal para que te acuerdes de él,
el ser humano para que de él te ocupes? R/.
Lo has hecho algo inferior a un dios,
lo has revestido de honor y de gloria,
lo has puesto al frente de tus obras. R/.
Lectura del santo evangelio según san Lucas
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Todo aquel que me reconozca delante de los demás, también el Hijo del hombre lo reconocerá delante de los ángeles de Dios.
Y, al contrario, si alguien me niega delante de los demás, también él será negado delante de los ángeles de Dios.
Si alguien habla contra el Hijo del hombre, podrá serle perdonado. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no será perdonado.
Cuando los lleven a ustedes a las sinagogas o ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo han de hablar o qué han de decir en defensa propia, porque en aquel mismo momento el Espíritu Santo les enseñará lo que deban decir.
La Carta a los Efesios y el evangelio de Lucas reclaman nuestra atención sobre el «papel» insustituible del Espíritu Santo. Tal vez sea el Espíritu la Persona más «desconocida» de la Trinidad, aunque, en comunión con el Padre y el Hijo, está actuando constantemente en la Iglesia y en el mundo. Por ser el amor personal con el que se aman recíprocamente el Padre y el Hijo, conoce toda la intimidad de la vida divina y, por morar en las almas que le acogen, les transmite el conocimiento amoroso que es él mismo. Ahora bien, su modo de instruirnos y de actuar es de una naturaleza completamente distinta a lo que estamos acostumbrados. Nos enseña dando la vuelta a nuestros mecanismos: mientras que en la experiencia humana, por lo general, acogemos lo que antes hemos comprendido y consentido, el Espíritu se comunica al hombre en la medida en que encuentra una acogida confiada. De ahí que comprendamos las cosas del Espíritu sólo en la medida en que estemos dispuestos a adherirnos.
Cuando el Espíritu encuentra en un alma obediencia a la verdad y disponibilidad para hacer lo que Dios quiere, lleva a cabo los prodigios de los que ya ha sembrado la historia de la salvación: desde la transformación de doce hombres atemorizados en columnas de la Iglesia universal, sobre la que «no prevalecerán las puertas del infierno», al animoso testimonio de los miles de mártires de la fe y de la caridad de nuestro siglo... al testimonio, menos llamativo aunque no menos audaz, que la coherencia con nuestra fe nos pide frente a los continuos desafíos de una sociedad y de una cultura cada vez más descristianizadas.
| Blanco | Color que hace referencia a la resurrección de Jesús, siendo el color más solemne en la liturgia. Simboliza la alegría y la paz. Se usa durante el tiempo de Pascua y el tiempo de Navidad. Se emplea también en las fiestas y solemnidades del Señor no relativas a la Pasión, incluida la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, en las fiestas de la Virgen María y de los santos que no murieron mártires. |
| Morado | Este color simboliza preparación espiritual. Simboliza humildad, penitencia, deseo y dolor. Se usa en Adviento y en Cuaresma, tiempos de preparación para la Navidad y la Pascua respectivamente. Además, en las celebraciones penitenciales y de difuntos. |
| Verde | Este color simboliza esperanza, paz, serenidad y ecología. Es usado durante el Tiempo Ordinario, en los feriados y los domingos que no exigen otro color (solemnidades, fiestas de santos). |
| Rojo | Asociado a la sangre y al fuego, es color del corazón: denota pasión, vida, pentecostés y martirio. Es usado principalmente en el Domingo de Ramos, el Viernes Santo, Pentecostés y en las fiestas de mártires. Además, en la administración del sacramento de la Confirmación. |