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Agenda bíblica
mayo 2024
Do Lu Ma Mi Ju Vi
28 29 Lunes de la 5ª Semana de Pascua Catalina de Siena 30 Martes de la 5ª Semana de Pascua Pío V 1 San José, obrero 2 Jueves de la 5ª Semana de Pascua Atanasio 3 Santos Felipe y Santiago, apóstoles 4 Sábado de la 5ª Semana de Pascua José María Rubio
5 6º Domingo de Pascua Máximo 6 Lunes de la 6ª Semana de Pascua Heliodoro 7 Martes de la 6ª Semana de Pascua Augusto 8 Miércoles de la 6ª Semana de Pascua Víctor y Acacio 9 Jueves de la 6ª Semana de Pascua Gregorio Ostiense 10 Viernes de la 6ª Semana de Pascua Juan de Ávila 11 Sábado de la 6ª Semana de Pascua Anastasio
12 Ascensión del Señor Nereo, Aquiles y Pancracio 13 Lunes de la 7ª Semana de Pascua Nuestra Señora de Fátima 14 San Matías, apóstol 15 Miércoles de la 7ª Semana de Pascua Isidro, labrador 16 Jueves de la 7ª Semana de Pascua Juan Nepomuceno 17 Viernes de la 7ª Semana de Pascua Pascual Bailón 18 Sábado de la 7ª Semana de Pascua Rafaela María Porras
19 Domingo de Pentecostés Pedro Celestino 20 Santa María, Madre de la Iglesia Bernardino de Siena 21 Martes de la 7ª Semana del T.O Eugenio de Mazenod 22 Miércoles de la 7ª Semana del T.O Joaquina de Vedruna 23 Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote Desiderio. Juan Bautista de Rossi 24 Viernes de la 7ª Semana del T.O María Auxiliadora 25 Sábado de la 7ª Semana del T.O Vicenta María López Vicuña
26 Santísima Trinidad Felipe Neri, Mariana de Jesús 27 Lunes de la 8ª Semana del T.O Agustín de Cantorbery 28 Martes de la 8ª Semana del T.O Emilio 29 Miércoles de la 8ª Semana del T.O Maximina 30 Jueves de la 8ª Semana del T.O Fernando 31 Visitación de la Virgen María Luisa, Raimundo, Sisebuto, Zacarías 1 Sábado de la 8ª Semana del T.O Justino
26/05/2024

Santísima Trinidad

Felipe Neri, Mariana de Jesús

Lectura del libro del Deuteronomio

Moisés habló al pueblo, diciendo:
—Pregunta, pregunta a los tiempos pasados que te precedieron, remontándote al día en que Dios creó al ser humano sobre la tierra, a ver si de un extremo a otro del cielo ha sucedido algo tan admirable o se ha oído cosa semejante. ¿Acaso existe algún pueblo que, como ustedes, haya oído a Dios hablándole desde el fuego y continúe con vida? ¿Acaso algún dios se ha atrevido a tomar para sí a un pueblo en medio de otro, con tantas pruebas, milagros y prodigios, combatiendo con poder y destreza sin igual, y realizando tremendas hazañas, como realizó por ustedes y ante sus ojos el Señor, su Dios, en Egipto? 
Reconoce, pues, hoy y convéncete de que el Señor es el único Dios: ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra hay ningún otro. Cumple sus normas y preceptos que hoy te prescribo. De este modo serán dichosos tú y tus hijos después de ti, y vivirán mucho tiempo en la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre.

R/. Dichoso el pueblo que el Señor
          se escogió como heredad.

      Recta es la palabra del Señor 
          y toda acción suya es sincera. 
          Él ama la justicia y el derecho, 
          el amor del Señor llena la tierra. R/.

      Con la palabra del Señor se hicieron los cielos, 
          con el soplo de su boca el cortejo celeste; 
          porque habló y todo fue hecho, 
          él dio la orden y todo existió. R/.

      La mirada del Señor está sobre los justos, 
          sobre los que en su amor ponen su esperanza; 
          quiere librarlos de la muerte 
          y salvar sus vidas en tiempo de hambre. R/.

      Nosotros esperamos en el Señor, 
          él es nuestra ayuda y nuestro escudo; 
          Que tu amor, Señor, nos acompañe, 
          pues así lo esperamos de ti. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

Hermanos:
Los que se dejan conducir por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. 
En cuanto a ustedes, no han recibido un Espíritu que los convierta en esclavos, de nuevo bajo el régimen del miedo. Han recibido un Espíritu que los convierte en hijos y que nos permite exclamar: «¡Abba!», es decir, «¡Padre!». Y ese mismo Espíritu es el que, uniéndose al nuestro, da testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que ahora compartimos sus sufrimientos para compartir también su gloria. 
 
 

Lectura del santo evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 
Allí encontraron a Jesús y lo adoraron, aunque algunos todavía dudaban. 
Jesús se acercó y les dijo: 
—Dios me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a los habitantes de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. 
Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

Ciclo
B
Año
Par
Color
Blanco
Semana Salterio
S
Cita del día

¿Es posible esperar una victoria sobre el mal? ¿Es posible, sobre todo, esperar una victoria sobre el inmenso sufrimiento causado por los hombres con sus acciones injustas? El cristiano da una respuesta positiva a estas preguntas, y no porque disponga de respuestas «racionales» al problema del mal –que es y sigue siendo algo carente de sentido– o de recetas fáciles para eliminarlo, sino porque puede referirse como modelo a Cristo y a su respuesta: sólo es posible vencer al mal contraponiéndole el bien. Dicho con otras palabras: el poder destructor del mal puede ser vencido sustituyéndolo por el «Reino de Dios». Quien en Jesús y a través de Jesús haya reconocido en acción la fuerza del amor de Dios a los hombres será también capaz de disponer de ánimo abierto, de sentir pasión por el hombre y de realizar obras –tal vez pequeñas en apariencia– que dejan entrever, no obstante, la posibilidad de una tierra más justa. El anuncio del Reino de Dios, que implica una conversión por parte del hombre, hace aflorar toda la dimensión interpersonal de la vida cristiana: hoy se usa con frecuencia la palabra reconciliación, y, en efecto, ésta es la realidad misteriosa que constituye la Iglesia. La historia de los hombres se presenta por doquier como historia de rupturas, de clausuras, como negación de la comunión y, por ende, como ausencia de salvación. Y en su esfuerzo por encontrar sentido a su propia vida, cada uno de nosotros se debate con esta tentación, y las relaciones que construye están marcadas frecuentemente por el odio, por la violencia, por las divisiones. Ahora bien, referirse a Jesús de Nazaret como «salvador», como alguien que revela el sentido último de la vida humana, implica que el hombre creyente encuentre en él la fuerza para salir de este misterio del mal. Muchos textos del Nuevo Testamento presentan a Jesús como alguien que ha sido invitado por Dios para reconciliar, para establecer la paz. Aceptar a Jesús en nuestra propia vida (eso es, en definitiva, lo que quiere decir creer) significa asimismo aceptar su acción reconciliadora: así se convierte Jesús no sólo en palabra reveladora de sentido, sino en Dios con nosotros, que une a los hombres entre ellos y con el Padre.

Libro relacionado

Lectio Divina para cada día del año: Domingos del Tiempo Ordinario

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Blanco Color que hace referencia a la resurrección de Jesús, siendo el color más solemne en la liturgia. Simboliza la alegría y la paz. Se usa durante el tiempo de Pascua y el tiempo de Navidad. Se emplea también en las fiestas y solemnidades del Señor no relativas a la Pasión, incluida la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, en las fiestas de la Virgen María y de los santos que no murieron mártires.
Morado Este color simboliza preparación espiritual. Simboliza humildad, penitencia, deseo y dolor. Se usa en Adviento y en Cuaresma, tiempos de preparación para la Navidad y la Pascua respectivamente. Además, en las celebraciones penitenciales y de difuntos.
Verde Este color simboliza esperanza, paz, serenidad y ecología. Es usado durante el Tiempo Ordinario, en los feriados y los domingos que no exigen otro color (solemnidades, fiestas de santos).
Rojo Asociado a la sangre y al fuego, es color del corazón: denota pasión, vida, pentecostés y martirio. Es usado principalmente en el Domingo de Ramos, el Viernes Santo, Pentecostés y en las fiestas de mártires. Además, en la administración del sacramento de la Confirmación.

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