En Cristianismos antiguos, Paula Fredriksen ofrece una mirada renovada sobre los orígenes del cristianismo en el mundo mediterráneo. A través de una exposición temática, examina cómo los primeros movimientos en torno a Jesús se transformaron, entre tensiones y diversidad, en una religión imperial. Combinando fuentes canónicas y no canónicas, textos, arqueología e historia social, Fredriksen reconstruye la compleja trama de ideas, prácticas y disputas que dieron forma a los múltiples cristianismos de los siglos I al V, mostrando su profunda imbricación en la cultura del Imperio romano.
¿Sabías que...?
A partir de algún momento del siglo III a.C. en Alejandría, Dios mismo comenzó a "hablar" griego. La traducción al griego de las Escrituras judías, a menudo denominada colectivamente "Septuaginta" (LXX), hizo algo más que introducir nuevos términos y conceptos en los escritos ancestrales de los judíos. De forma crucial para el desarrollo del cristianismo posterior, la Biblia en griego puso las tradiciones judías a disposición de un público étnicamente más amplio.
(Extracto de Cristianismos antiguos, página 29)
A partir del año 303... Diocleciano dirigió su atención hacia formas más domésticas del cristianismo. Se acusaba a los cristianos romanos de atraer demonios perjudiciales a las ciudades, provocando una contaminación que interrumpía la eficacia de los ritos dirigidos a los dioses. La adivinación se había visto perturbada, y con ella, las comunidades divino-humanas necesarias para un buen gobierno. Siguieron las sanciones habituales: confiscación de bienes, destrucción de edificios, exilio, encarcelamiento o ejecución de los líderes, y exigencias de sacrificios tradicionales.
(Extracto de Cristianismos antiguos, página 115)