Si, para salvar el mundo, Dios se hizo humano, ¿no ha de ser esa también nuestra vocación? Este libro propone una espiritualidad profundamente humana, inspirada en Jesús y el Evangelio, para renovar la vida cristiana y la misión. Nos invita a descubrir que seguir a Jesús es crecer en humanidad, sensibilidad, ternura, compasión y bondad.
La auténtica misión consiste en hacer florecer lo humano allí donde vivimos. Porque nadie se aleja de una persona buena sin llevarse algo de Dios. La bondad es la gran revolución del Evangelio: transforma la vida, contagia esperanza y hace visible a Jesús en las palabras, los gestos y el testimonio de quienes viven con una humanidad abierta a Dios y a los demás.