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Serás mi boca

Ventura y azote del profeta Jeremías

(1 valoración)

En los años decisivos del declive del imperio asirio y de despunte del babilonio, un joven Jeremías comienza a predecir la destrucción próxima de Jerusalén. Tal denuncia acarrea su encarcelamiento y el desprecio de las gentes, el ser arrojado a una fétida cisterna en desuso, e incluso el estar a punto de ser linchado por derrotista, por vendido a los caldeos. Pero la poesía de sus oráculos y confesiones no cesa de martillear los oídos de reyes, ministros, profetas, sacerdotes y del pueblo de Yahvé, y hasta de increpar al mismo Dios que le había obligado a ser su boca.
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Precio con IVA: 17,70 €

- Disponible -

Versión digital: 10,99 €
ColecciónNarrativa Bíblica
ISBN978-84-8169-731-5
Código EVD6800004
Edición1
FormatoImpreso
Páginas312
Tamaño140 x 210 mm
EncuadernaciónRústica, cosida, tapa plastificada mate con solapas

Francisco Rico: Jeremías en carne y hueso

Copiamos aquí la crítica de Francisco Rico titulada "Jeremías en carne y hueso" y publicada en EL PAIS, Babelia, 5 de enero de 2008:

Es éste un libro original, hermoso y fuerte. En el catálogo de Planeta o Edhasa, podríamos tomarlo por una novela histórica y, atendiendo a ciertos aspectos de la intriga, incluso con ribetes de misterio y esoterismo, como los best sellers de moda. Publicado de hecho por una editorial especializada en los estudios bíblicos, cabría entenderlo como uno de ellos, y no menos riguroso. A decir verdad, Serás mi boca tiene de lo uno y de lo otro, de ficción y de investigación, pero es más propiamente (para usar la acuñación de Piero Boitani) una re-Escritura: la recreación desde dentro de algunas de las páginas más intensas del Antiguo Testamento.

Re-Escrituras memorables fueron en el siglo pasado el José y sus hermanos de Thomas Mann o el Job de Joseph Roth. No caigo en que Serás mi boca tenga muchos precedentes españoles. El más valioso está sin duda en las Figuras de la Pasión del Señor, el retablo de narraciones cortas en que Gabriel Miró retrata y sitúa delicadamente en su marco a una serie de protagonistas o comparsas de la muerte de Jesús. El gran prosista alicantino los pinta a todos con la mirada serena y con la cordialidad distante que le son propias. Por el contrario, es diáfano que Susana Pottecher revive en cuerpo y alma la Pasión de Jeremías.

En la marea creciente del imperio babilonio, Yirmeyahú (nombre primero del profeta) predica la vuelta a una religión sin impurezas paganas, una honda revolución moral y la necesidad de una penitencia. No basta ofrecer sacrificios ni observar los ritos: los pecados de Israel han de pagarse al precio de la destrucción del Templo y la caída de Jerusalén. No es un mensaje fácil de aceptar. Los cabecillas del pueblo exhortan ciegamente a resistirse a la soberanía extranjera, a los gobernantes no les interesa el sometimiento. La voz tonante y a la vez lúcida de Jeremías no puede sino atraerle el odio, la prisión y hasta el intento de asfixia en una cisterna. Pero Jeremías sabe que Yahvé, con quien él habla, habla asimismo por su boca, y lo enfrenta todo con vocación inquebrantable, como una "columna de hierro", como una "muralla de bronce" sustentada por el Señor.

La autora evoca con sólida documentación los escenarios históricos de esa aventura, poniendo orden en los revueltos materiales bíblicos, y sobre todo acierta a reconstruir imaginativamente la experiencia interior del profeta y sus contemporáneos, y a prestarles el lenguaje que descubre sus motivaciones y su verdad última.

Son muchos los episodios de suyo interesantes, trátese del hallazgo del Libro de la Ley o de la entronización de la diosa Istar, la "Reina del Cielo". Pero el logro mayor está en la visión global de un mundo impregnado por la presencia de la divinidad, de lo sacro, que se respira por todas partes, hasta en los menores detalles del vivir cotidiano, por otra parte descrito con exigencia arqueológica.

Al efecto de inmersión en los días del Antiguo Testamento contribuye poderosamente la cadencia de una prosa que tiende a la frase larga, envolvente, que va tirando del lector e implicándolo en las vivencias narradas. (Pocas veces podrá hablarse con más exactitud de "acentos bíblicos", y no sería inoportuno recordar con cuánta fuerza se oyen éstos a su vez en dos ficciones que en definitiva, aunque bien distintas de Serás mi boca, son también re-Escrituras: Desciende, Moisés de Faulkner y Saúl ante Samuel de Juan Benet). Aquí y allá, no obstante, un coloquialismo busca sacarnos del trance y devolvernos a una perspectiva a ras de tierra.

Susana Pottecher había dado ya, con Julio Trebolle, una tersa versión del Libro de los Salmos (Trotta). Ahora engarza en el relato una generosa selección, trabajada con amor y filología, de los vaticinios y "confesiones" de Yirmeyahú en fluidos versículos castellanos. No es la menor virtud de Serás mi boca dejarse leer como un libro de poesía y, en última instancia, como una celebración de la palabra en sus manifestaciones extremas: palabra profética y palabra poética. Palabras sagradas.

Adam Peter Grondziel Richter

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