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2º Domingo de Cuaresma

Anteriordomingo, 28 de febrero de 2021 Siguiente

Lecturas Bíblicas
Génesis 22, 1-2. 9-13. 15-18
115, 10 y 15. 16-17. 18-19
Romanos 8, 31b-34
Marcos 9, 2-10
Liturgia
Color Morado
Ciclo B
Semana Salterio II
Román de Condat
2º Domingo de Cuaresma
Cita del día

La liturgia de la Palabra de hoy propone a nuestra contemplación la luz que irradia la persona de Jesús transfigurado: es un desgarrarse el cielo, un rayo de luz eterna que llega al corazón para herirlo con la nostalgia del rostro de Dios. Estamos llamados a participar no de una visión desencarnada, falsamente mística, idílica. A través de todas las lecturas podemos seguir un hilo de oro: el del don de sí mismo como condición de la verdadera comunión con Dios.
El Padre, origen de toda paternidad, revela su corazón haciéndonos revivir con Abrahán el sacrificio y la paz de la ofrenda suprema. A cada uno de nosotros se nos puede pedir –más bien, se nos pide ciertamente– el sacrificio del propio Isaac. Pero la Palabra nos deja entrever que éste es el camino para participar de la misma realidad de Dios. El mismo Dios Padre no perdonó a su propio Hijo, el predilecto, sino que lo entregó por nosotros. Cristo no consideró “un tesoro codiciable el ser igual a Dios” (cf. Flp 2,6), sino que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros. ¿No renunciaremos nosotros a todo, no nos negaremos a nosotros mismos para entrar en comunión con él?
En la transfiguración, Jesús ofrece a los tres discípulos la visión luminosa para mostrarles el final del oscuro túnel de la pasión, poco antes anunciada. Ahí está la voz del Padre para confirmarlo: él es el Hijo predilecto que cumplirá su designio; es el testimonio veraz cuando pide a sus seguidores negarse a sí mismos y llevar la propia cruz detrás de él.
Todo esto debería quedar claro a los discípulos y a nosotros. Pero todavía tiene su mezcla de oscuridad: la nube de luz de la Presencia de Dios nos envuelve siempre en la sombra, y la revelación no elimina el misterio. Sin embargo, queda algo indeleble en el corazón: Jesús es el Hijo que el Padre ha entregado por nosotros; el compañero que nos abre el camino, el que nos enseña a escuchar dando los pasos de una entrega sin reservas.

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Cuaresma y Triduo Pascual Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Cuaresma y Triduo Pascual

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
Génesis 22, 1-2. 9-13. 15-18

Lectura del libro del Génesis

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:
—¡Abrahán!
Respondió Abrahán:
—Aquí estoy.
Y Dios le dijo:
—Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, a Isaac, dirígete a la región de Moriá y, una vez allí, ofrécemelo en holocausto, en un monte que yo te indicaré.
Cuando llegaron al lugar que Dios había indicado, Abrahán erigió un altar, preparó la leña y después ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar encima de la leña. Pero cuando Abrahán alargó la mano para tomar el cuchillo con el que degollar a su hijo, el mensajero del Señor le grito desde el cielo:
—¡Abrahán! ¡Abrahán!
Él respondió:
—Aquí estoy.
El mensajero le dijo:
—No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que obedeces a Dios y ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo.
Al levantar la vista, Abrahán vio un carnero enredado por los cuernos en los matorrales. Fue entonces, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en sustitución de su hijo.
El mensajero del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo, y le dijo:
—Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos y, puesto que me has obedecido, todas las naciones de la tierra serán bendecidas por medio de tu descendencia.

Salmo:
115, 10 y 15. 16-17. 18-19

R/. Caminaré en presencia del Señor
          en la tierra de los vivos.

      Tenía yo confianza aunque decía:
          «¡Qué desgraciado soy!».
          Mucho le importa al Señor
          la muerte de sus fieles. R/.

      Yo soy tu siervo, Señor;
          soy tu siervo, el hijo de tu esclava;
          tú desataste mis ataduras.
          Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
          invocaré el nombre del Señor. R/.

      Cumpliré al Señor mis promesas
          delante de todo su pueblo,
          en los atrios de la casa del Señor,
          en medio de ti, Jerusalén. R/.

Segunda lectura:
Romanos 8, 31b-34

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

Hermanos:
Si Dios está a nuestro favor, ¿quién podrá estar contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no va a hacernos el don de todas las cosas juntamente con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¡Dios es quien salva! ¿Quién se atreverá a condenar? ¡Cristo Jesús es quien murió, más aún, resucitó y está junto a Dios, en el lugar de honor, intercediendo por nosotros!

Evangelio:
Marcos 9, 2-10

Lectura del santo evangelio según san Marcos

En aquel tiempo, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan y los llevó aparte a ellos solos a un monte alto. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Su ropa se volvió de una blancura resplandeciente, tal como ningún batanero de este mundo sería capaz de blanquearla. Y los discípulos vieron a Elías y a Moisés, que estaban conversando con Jesús. Entonces Pedro dijo a Jesús:
—¡Maestro, qué bien estamos aquí! Hagamos tres cabañas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Es que no sabía lo que decía, porque estaban aterrados. En esto quedaron envueltos por una nube de la que salía una voz:
—Este es mi Hijo amado. Escúchenlo.
En aquel instante miraron a su alrededor y ya no vieron a nadie sino únicamente a Jesús solo con ellos. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado. Y, en efecto, ellos guardaron este secreto, aunque discutían qué sería aquello de «resucitar».

Color morado
Este color simboliza preparación espiritual. Simboliza humildad, penitencia, deseo y dolor. Se usa en Adviento y en Cuaresma, tiempos de preparación para la Navidad y la Pascua respectivamente. Además, en las celebraciones penitenciales y de difuntos.
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