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Viernes de la Octava de Pascua

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Lecturas Bíblicas
Hechos 4, 1-12
117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a
Juan 21, 1-14
Liturgia
Color Blanco
Ciclo A
Semana Salterio I
Anselmo de Cantorbery
Comentario del día

Aparición de Jesús resucitado en el lago de Tiberíades. Algunos apóstoles van a pescar pero no recogen nada. Jesús está en la orilla, pero no le reconocen. El discípulo amado dice a Pedro que es el Señor y este se lanza al agua. Jesús les prepara pan y pescados, y se los reparte.
El discípulo amado, circunloquio que se refiere a la comunidad de Juan, reconoce a Jesús. Pedro, que había regresado a sus faenas y trabajaba sin obtener fruto, se lanza al agua cuando le dicen que Jesús está en la orilla. Aún no ha llorado su pecado; sigue siendo el discípulo impetuoso. Jesús parte el pan, expresión sublime de la presencia viva de Jesús entre los suyos.
Siéntanos a tu mesa, pártenos el pan, enséñanos a reconocerte, queremos vivir como testigos de tu resurrección, Señor Jesús.

Cita del día

La seguridad de Pedro procede de la certeza interior de que Jesús es ahora el único Salvador. Toda la Iglesia de los orígenes vive de esta certeza, una certeza que la hace fuerte, intrépida, gozosa, misionera, irresistible. Las grandes epopeyas misioneras se han nutrido siempre de esta conciencia. La Iglesia será siempre misionera mientras se interese por la salvación del prójimo, a la luz de Cristo salvador. 
Nuestros tiempos no resultan demasiado fáciles a este respecto: es preciso justamente respetar las conciencias, está el diálogo interreligioso, es preciso promover la paz, existe la propagación de un cierto relativismo, está la desconfianza con respecto a todo tipo de integrismo. A pesar de todo ello, Cristo, ayer como hoy y como mañana, sigue siendo el único Salvador. De lo que se trata es de convertir esta certeza no en un arma contra nadie, sino en una propuesta paciente y firme, serena y motivada, testimoniada y hablada, orada y alegre, suave y valiente, dialogadora y confesante. En todo ambiente, en todo momento de la vida, aun cuando parezca tiempo perdido, incluso cuando parezca fuera de moda. 
De esta certeza nace una fuerza nueva: se liberan energías. Dejamos de tener miedo a los juicios de los hombres y nos convertimos en hombres y mujeres interior y exteriormente libres.

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Pascua Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Pascua

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
Hechos 4, 1-12

Lectura de los Hechos de los apóstoles 

En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablando al pueblo, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos. Estaban contrariados, porque los apóstoles seguían instruyendo al pueblo y proclamaban que la resurrección de entre los muertos se había realizado ya en la persona de Jesús. Así que los detuvieron y, en vista de que era ya tarde, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente. Pero muchos de los que habían escuchado el discurso de Pedro abrazaron la fe, por lo que el número de creyentes varones alcanzó la cifra de unos cinco mil. 
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén las autoridades, los ancianos y los maestros de la ley. Estaban presentes Anás, que era sumo sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de la clase sacerdotal dirigente. Hicieron comparecer a Pedro y a Juan, y les preguntaron: 
—¿Con qué poder y en nombre de quién han hecho esto? 
Pedro, lleno del Espíritu Santo, les respondió: 
—Jefes del pueblo y ancianos: hoy ha sido curado un enfermo, y se nos pregunta quién lo ha curado. Pues bien, han de saber, tanto ustedes como todo el pueblo israelita, que este hombre se encuentra ahora sano ante sus ojos gracias a Jesús de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios ha resucitado. Él es la piedra rechazada por ustedes los constructores, pero que ha resultado ser la piedra principal. Ningún otro puede salvarnos, pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido autor de nuestra salvación.

Salmo:
117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a

R/. La piedra que desecharon los arquitectos 
          es ahora la piedra angular. 

      Den gracias al Señor por su bondad, 
          porque es eterno su amor. 
          Que lo diga Israel: 
          es eterno su amor.
          Que lo digan quienes lo veneran: 
          es eterno su amor. R/. 

      La piedra que desecharon los constructores, 
          es ahora la piedra angular. 
          Del Señor viene todo esto 
          y nos parece admirable. 
          Este es el día en que actuó el Señor, 
          alegrémonos, gocémonos en él. R/. 

      Te lo ruego, Señor, sálvanos, 
          te lo ruego, Señor, haznos triunfar. 
          Bendito el que viene en nombre del Señor, 
          desde la casa del Señor los bendecimos. 
          Dios es el Señor, él nos alumbra. R/.

Evangelio:
Juan 21, 1-14

Lectura del santo evangelio según san Juan 

En aquel tiempo, se apareció Jesús de nuevo a sus discípulos junto al lago de Tiberíades. El hecho ocurrió así: 
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás «el Mellizo», Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. 
Pedro les dijo: 
—Me voy a pescar. 
Los otros le contestaron: 
—Vamos también nosotros contigo. 
Salieron, pues, y subieron a la barca; pero aquella noche no lograron pescar nada. 
Ya amanecía cuando se presentó Jesús a la orilla del lago, aunque los discípulos no lo reconocieron. 
Jesús les dijo: 
—Muchachos, ¿han pescado algo? 
Ellos contestaron: 
—No. 
Él les dijo: 
—Echen la red al lado derecho de la barca y encontrarán pescado. 
Así lo hicieron, y la red se llenó de tal cantidad de peces, que apenas podían moverla. El discípulo a quien Jesús tanto quería dijo entonces a Pedro: 
—¡Es el Señor! 
Al oír Simón Pedro que era el Señor, se puso la túnica pues estaba solo con la ropa de pescar y se lanzó al agua. Los otros discípulos, como la distancia que los separaba de tierra era solo de unos cien metros, llegaron a la orilla en la barca, arrastrando la red llena de peces. 
Cuando llegaron a tierra, vieron un buen rescoldo de brasas, con un pescado sobre ellas, y pan. Jesús les dijo: 
—Traigan algunos de los peces que acaban de pescar. 
Simón Pedro subió a la barca y sacó a tierra la red llena de peces; en total eran ciento cincuenta y tres peces grandes. Y, a pesar de ser tantos, no se rompió la red. 
Jesús les dijo: 
—Acérquense y coman. 
A ninguno de los discípulos se le ocurrió preguntar: «¿Quién eres tú?», porque sabían muy bien que era el Señor. 
Jesús, por su parte, se acercó, tomó el pan y se lo repartió; y lo mismo hizo con los peces. 
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.

Color blanco
Color que hace referencia a la resurrección de Jesús, siendo el color más solemne en la liturgia. Simboliza la alegría y la paz. Se usa durante el tiempo de Pascua y el tiempo de Navidad. Se emplea también en las fiestas y solemnidades del Señor no relativas a la Pasión, incluida la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, en las fiestas de la Virgen María y de los santos que no murieron mártires.
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