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Martes de la 3ª semana de Cuaresma

Anteriormartes, 21 de marzo de 2017 Siguiente

Lecturas Bíblicas
Daniel 3, 25. 34-43
24, 4-5ab. 6 y 7bc. 8-9
Mateo 18, 21-35
Liturgia
Color Morado
Ciclo A
Semana Salterio III
Filemón
Comentario del día

Pregunta inicial sobre las veces que hay que perdonar. Parábola sobre el perdón: un rey se apiada de un súbdito que le debe una cantidad desorbitada; este mismo hombre no quiere perdonar una deuda mínima de otra persona. Exhortación a que nosotros perdonemos como Dios nos perdona.
El que ha experimentado en su vida el perdón tras una situación grave o compleja, puede entender mejor su valor y su gratuidad. De ahí la gravedad que refleja la parábola: alguien enormemente favorecido no quiere perdonar una nimiedad. El Evangelio sigue confrontando nuestra vida. ¿No es un espejo de lo que vivimos a diario?
Que sepa acoger tu abrazo misericordioso, Señor, para ser misericordioso con los demás.

Cita del día

San Ambrosio indica que Dios creó al hombre para tener alguien a quien perdonar y revelar así el rostro de su amor desconcertante, que es disponibilidad ilimitada al perdón a cualquier precio, incluso el más elevado, como es la sangre de su Hijo. Pero amor pide amor, y la misericordia de Dios desea inspirar la misma disposición en el hombre, pecador perdonado, en relación con sus hermanos. ¿De qué nos sirve haber experimentado la misericordia divina si no permitimos que se transparente en nuestro rostro, en nuestra vida? Quien no acepta perdonar al hermano muestra no reconocer la gravedad del propio pecado. 
El perdón de Dios sería vano si no permitimos que se plasme a su imagen y semejanza, pues él es un Dios “piadoso y misericordioso, lento a la ira y rico en amor”. Jamás podremos pagar la enorme deuda de nuestros pecados, de nuestra ciega ingratitud... pero él los perdona pidiéndonos hacer lo mismo: perdonar de corazón “hasta setenta veces siete” al hermano, será en la tierra el comienzo de una gran fiesta que culminará en el cielo: fiesta de la reconciliación, gloria de los hijos que Dios se ha adquirido al precio de la sangre del Hijo, en el Espíritu Santo derramado para el perdón de los pecados.

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Cuaresma y Triduo Pascual Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Cuaresma y Triduo Pascual

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
Daniel 3, 25. 34-43

Lectura de la profecía de Daniel

En aquellos días, Azarías, de pie en medio del fuego, comenzó a orar diciendo:
        «Por, amor a tu nombre, te pedimos
        que no nos abandones definitivamente
        y no rompas tu alianza con nosotros.
        Por Abrahán, tu amigo,
        por Isaac tu siervo
        y por Israel, consagrado a ti,
        no apartes de nosotros tu misericordia.
        Tú les prometiste
        que su descendencia sería tan numerosa
        como las estrellas del cielo,
        como la arena en la orilla del mar.
        Señor, nosotros somos hoy
        la más insignificante de todas las naciones,
        y por causa de nuestros pecados
        somos humillados en toda la tierra.
        No tenemos príncipe,
        estamos sin jefes ni profetas;
        no hay holocausto ni sacrificio,
        no hay ofrenda ni incienso,
        ni un lugar donde ofrecerte los primeros frutos
        para alcanzar tu misericordia.
        Pero venimos a ti con el corazón triste
        y el espíritu humillado.
        Acéptanos como un holocausto de carneros,
        de toros y de miles de corderos cebados.
        Acepta hoy con agrado nuestro sacrificio
        y haz que vayamos contigo hasta el fin,
        porque no serán defraudados los que en ti confían.
        Ahora queremos seguirte de todo corazón,
        queremos honrarte y buscar tu rostro.
        ¡No nos cubras, Señor, de vergüenza,
        antes bien, trátanos con bondad
        conforme a la grandeza de tu misericordia!
        Libéranos con tu fuerza maravillosa
        y glorifica así tu nombre».

Salmo:
24, 4-5ab. 6 y 7bc. 8-9

R/. Señor, recuerda tu misericordia.

      Señor, muéstrame tus caminos, 
          enséñame tus sendas, 
          instrúyeme en tu verdad; enséñame, 
          porque tú eres el Dios que me salva. R/.

      Recuerda, Señor, tu misericordia 
          y tu amor que desde siempre existen; 
          recuérdame en tu amor, por tu bondad, Señor. R/.

      El Señor es bueno y recto, 
          él muestra el camino a los pecadores, 
          instruye en la justicia a los humildes, 
          enseña a los humildes su camino. R/.

Evangelio:
Mateo 18, 21-35

Lectura del santo evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, Pedro, acercándose  a Jesús, le preguntó: 
—Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano si me ofende? ¿Hasta siete veces? 
Jesús le contestó: 
—No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 
Y es que el reino de los cielos puede compararse a un rey que quiso hacer cuentas con la gente que tenía a su servicio. Para empezar, se le presentó uno que le debía diez mil talentos. Y como no tenía posibilidades de saldar su deuda, el amo mandó que los vendieran como esclavos a él, a su esposa y a sus hijos junto con todas sus propiedades, para que así saldara la deuda. 
El siervo cayó entonces de rodillas delante de su amo, suplicándole: 
«Ten paciencia conmigo, que yo te lo pagaré todo». 
El amo tuvo compasión de su siervo; le perdonó la deuda y lo dejó ir libremente. 
Pero, al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios. Lo sujetó violentamente por el cuello y le dijo: 
«¡Págame lo que me debes!». 
Su compañero se arrodilló delante de él, suplicándole: 
«Ten paciencia conmigo, que yo te lo pagaré». 
Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que liquidara la deuda. 
Los demás siervos, al ver todo esto, se sintieron consternados y fueron a contarle al amo lo que había sucedido. Entonces el amo hizo llamar a aquel siervo y le dijo:
 «Siervo malvado, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste; en cambio tú no has querido compadecerte de tu compañero como yo me compadecí de ti». 
Y, encolerizado, el amo ordenó que fuera torturado hasta que toda la deuda quedara saldada. 
Esto mismo hará mi Padre celestial con aquel de ustedes que no perdone de corazón a su hermano.

Color morado
Este color simboliza preparación espiritual. Simboliza humildad, penitencia, deseo y dolor. Se usa en Adviento y en Cuaresma, tiempos de preparación para la Navidad y la Pascua respectivamente. Además, en las celebraciones penitenciales y de difuntos.
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