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Jueves de la 27ª Semana del T.O

jueves, 12 de octubre de 2017

Lecturas Bíblicas
1 Crónicas 15, 3-4.15-16; 16, 1-2
26, 1. 3. 4. 5
Hechos 1, 12-14
Lucas 11, 27-28
Liturgia
Color Blanco
Ciclo A
Semana Salterio F
Nuestra Señora la Virgen del Pilar
Comentario del día

Uno de entre la multitud piropea a Jesús. La mejor forma de hacerlo es bendecir a quien le engendró y crio: su vientre y sus senos de madre. Jesús no lo niega, sino que va más allá y abre la dicha a otros muchos: es dichoso quien «escucha la Palabra de Dios», y además la lleva a la vida.
Es sorprendente esta expresión de Jesús, pues ¿quién no se alegra de que bendigan a su propia madre? Toda la vida de Jesús, todas sus prioridades, todos sus criterios están orientados al reino de Dios y su presencia entre la gente. Incluso algo tan grande como la propia madre está por debajo de la «escucha de la Palabra de Dios» que ocupa el plano central. Escuchar y cumplir.
Que ponga tu Palabra en el centro de mi vida y la escuche con sorpresa y obediencia, Señor.

Cita del día

La piedad de la Iglesia a la santísima Virgen María es un elemento intrínseco del culto cristiano. La veneración que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo y lugar –desde el saludo y la bendición de Isabel hasta las expresiones de alabanza y súplica en nuestro tiempo– constituye un sólido testimonio de que la lex orandi de la Iglesia es una invitación a reavivar en las conciencias su lex credendi. Y viceversa: la fe viva de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana su oración fervorosa a la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de raíces profundas en la palabra revelada y de sólidos fundamentos dogmáticos.
La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso el pueblo de Dios la invoca como consoladora de los afligidos, salud de los enfermos, refugio de los pecadores, para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora en el pecado; porque ella, la libre de todo pecado, conduce a sus hijos a esto: a vencer con enérgica determinación el pecado. Y –hay que afirmarlo nuevamente– dicha liberación del pecado es la condición necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas.
La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar «los ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos». Virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la Palabra de Dios (cf. Lc 1,26-38; 1,45; 11,27-28; Jn 2,5); la obediencia generosa (cf. Lc 1,38); la humildad sencilla (cf. Lc 1,48); la caridad solícita (cf. Lc 1,39-56); la sabiduría reflexiva (cf. Lc 1,29.34; 2,19.33.51); la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos (cf. Lc 2,21.22-40.41), agradecida por los bienes recibidos (Lc 1,46-49); la fortaleza en el destierro (cf. Mt 2,13-23), en el dolor (cf. Lc 2,34-35.49; Jn 19,25); la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor (cf. Lc 1,48; 2,24); el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz (cf. Lc 2,1-7; Jn 19,25-27); la delicadeza provisoria (cf. Jn 2,1-11); la pureza virginal (cf. Mt 1,18-25; Lc 1,26-38); el fuerte y casto amor esponsal.
De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos que con tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecerá como consecuencia y fruto maduro de aquella fuerza pastoral que brota del culto tributado a la Virgen.
La piedad hacia la Madre del Señor se convierte para el fiel en ocasión de crecimiento en la gracia divina: finalidad última de toda acción pastoral. Porque es imposible honrar a la «llena de gracia» (Lc 1,28) sin honrar en sí mismo el estado de gracia, es decir, la amistad con Dios, la comunión en Él, la inhabitación del Espíritu. Esta gracia divina alcanza a todo el hombre y lo hace conforme a la imagen del Hijo (cf. Rom 2,29; Col 1,18). La Iglesia católica, basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud.

(De la exhortación del papa Pablo VI Marialis cultus.)

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Propio de los santos - II Lectio Divina para cada día del año: Propio de los santos - II

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
1 Crónicas 15, 3-4.15-16; 16, 1-2

Lectura del primer libro de las Crónicas

En aquellos días, David convocó en Jerusalén a todo Israel para trasladar el Arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió también a los descendientes de Aarón y a los levitas.
Los levitas cargaron el Arca de Dios con los varales sobre sus hombros, como lo había dispuesto Moisés por orden del Señor. 
David ordenó también a los jefes de los levitas que organizasen a sus parientes cantores con instrumentos musicales, salterios, cítaras y platillos, para que los tocasen con ímpetu y júbilo.
Introdujeron el Arca de Dios y la colocaron dentro de la Tienda que David había preparado al efecto. Luego ofrecieron a Dios holocaustos y sacrificios de comunión. Cuando terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.


 

Salmo:
26, 1. 3. 4. 5

R/. El Señor me ha coronado,
          sobre la columna me ha exaltado.

      El Señor es mi luz, mi salvación,
          ¿de quién tendré miedo?
          El Señor es mi refugio,
          ¿a quién temeré? R/.

      Si acampara contra mí un ejército,
          no tendría miedo;
          si se declarase contra mí una guerra,
          me sentiría seguro. R/.

      Una sola cosa pido al Señor,
          solo esto quiero:
          sentarme en la casa del Señor
          todos los días de mi vida,
          contemplar la gracia del Señor
          y frecuentar su Templo. R/.

      Él me resguardará en su cabaña
          en el tiempo adverso,
          me protegerá al abrigo de su Tienda,
          me alzará sobre una roca. R/.

Segunda lectura:
Hechos 1, 12-14

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles

Después de subir Jesús al cielo,  los apóstoles regresaron a Jerusalén, desde el llamado monte de los Olivos, lugar cercano a la ciudad, de la que distaba el trayecto que se permitía recorrer en sábado. Cuando llegaron, subieron al piso en que se alojaban; eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago.
Todos estos, junto con las mujeres, con María la madre de Jesús y con los hermanos de este, oraban constantemente en íntima armonía.

Evangelio:
Lucas 11, 27-28

Lectura del santo evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío exclamó:
—¡Feliz la mujer que te dio a luz y te crio a sus pechos!
Jesús le contestó:
—Felices, más bien, los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.

Color blanco
Color que hace referencia a la resurrección de Jesús, siendo el color más solemne en la liturgia. Simboliza la alegría y la paz. Se usa durante el tiempo de Pascua y el tiempo de Navidad. Se emplea también en las fiestas y solemnidades del Señor no relativas a la Pasión, incluida la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, en las fiestas de la Virgen María y de los santos que no murieron mártires.
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