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Lunes de la 4ª semana de Cuaresma

Anteriorlunes, 12 de marzo de 2018 Siguiente

Lecturas Bíblicas
Isaías 65, 17-21
29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b
Juan 4, 43-54
Liturgia
Color Morado
Ciclo B
Semana Salterio IV
Paciano
Cita del día

Creer la Palabra es como abrir ante nosotros una puerta que nos introduce en una realidad nueva. Permanecer en la Palabra, guardándola en el corazón, significa participar en la obra divina de la re-creación, santificación y transfiguración del cosmos. 
Jesús es la Palabra viva de Dios: sólo él puede dirigirnos esta Palabra eficaz. Y lo hace de modo sereno, común, pidiendo una fe desnuda, total. Asentir y caminar fiándose de él puede ser cuestión de vida o muerte: lo fue para aquel padre cansado que nos narra el Evangelio, que en respuesta a su ruego no recibió de Jesús un prodigio, sino una palabra de vida, y se fió con total abandono. Nada había cambiado en su existencia, pero en su corazón anidó la esperanza. En la noche del sufrimiento y de la prueba, la Palabra es lámpara para nuestros pasos. La Palabra se convierte también en oración repetida sin cesar hasta que encuentre la confirmación luminosa y potente: el Señor ha escuchado, el Señor ha hecho maravillas de gracia. Cristo Jesús es el Señor de la vida ahora y por toda la eternidad. 
La fe se convierte en canto de gozo que se difunde hasta formar un coro de alabanza: “Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias; contempladlo y quedaréis radiantes” (Sal 33,4-6).

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Cuaresma y Triduo Pascual Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Cuaresma y Triduo Pascual

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
Isaías 65, 17-21

Lectura del libro de Isaías

Así dice el Señor:
«Voy a crear un nuevo cielo,
junto con una nueva tierra.
No rememorarán lo de antaño,
ya no será recordado;
al contrario, alégrense y gocen
sin límites por lo que voy a crear.
En efecto, voy a crear
una Jerusalén que sea todo gozo,
con una población llena de alegría.
Saltaré de júbilo por Jerusalén,
sentiré alegría por mi pueblo;
no se oirán llantos en ella,
ni gritos pidiendo socorro.
Ya no habrá niños en ella
que mueran a los pocos días;
ni adultos que no alcancen
una cumplida madurez.
Será joven quien muera a los cien años,
y maldito quien no los alcance.
Construirán viviendas y las habitarán,
plantarán viñas y comerán su fruto».

Salmo:
29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b

R/. Señor, te alabaré porque me has salvado.

      Señor, te alabaré porque me has salvado 
          y no has dejado que mis enemigos se burlen de mí. 
          Señor, me libraste de ir al reino de los muertos, 
          me devolviste la vida cuando agonizaba. R/.

      Canten al Señor los que le son fieles, 
          alaben su santo nombre, 
          pues es pasajera su ira y eterna su bondad: 
          quien de noche se retira llorando, 
          por la mañana es un clamor de alegría. R/.

      ¡Escucha, Señor, ten compasión de mí; 
          Señor, ven en mi ayuda! 
          Convertiste mi llanto en danza; 
          Señor, Dios mío, te alabaré por siempre. R/.

Evangelio:
Juan 4, 43-54

Lectura del santo evangelio según san Juan

En aquel tiempo, Jesús partió de Samaría camino de Galilea. El mismo Jesús había declarado que un profeta no es bien considerado en su propia patria. Cuando llegó a Galilea, los galileos le dieron la bienvenida, pues también ellos habían estado en Jerusalén por la fiesta de la Pascua y habían visto todo lo que Jesús había hecho en aquella ocasión. 
Jesús visitó de nuevo Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Se encontraba allí un oficial de la corte que tenía el hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando se enteró de que Jesús había llegado a Galilea procedente de Judea, acudió a él y le suplicó que bajara a su casa para curar a su hijo, que estaba a punto de morir. Jesús lo regañó: 
—Ustedes solo creen si ven milagros y prodigios. 
Pero el oficial insistía: 
—Señor, ven pronto, antes que muera mi hijo. 
Jesús le dijo: 
—Vuelve a tu casa; tu hijo está ya bien. 
Aquel hombre creyó lo que Jesús le había dicho y se fue. Cuando regresaba a casa, le salieron al encuentro sus criados para comunicarle que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había comenzado la mejoría. Los criados le dijeron: 
—Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre. 
El padre comprobó que esa fue precisamente la hora en que Jesús le dijo: «Tu hijo está bien», y creyeron en Jesús él y todos los suyos. 
Este segundo milagro lo hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

Color morado
Este color simboliza preparación espiritual. Simboliza humildad, penitencia, deseo y dolor. Se usa en Adviento y en Cuaresma, tiempos de preparación para la Navidad y la Pascua respectivamente. Además, en las celebraciones penitenciales y de difuntos.
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