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5º Domingo del T.O

Anteriordomingo, 10 de febrero de 2019 Siguiente

Lecturas Bíblicas
Isaías 6, 1-2a. 3-8
137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8
1 Corintios 15, 1-11
Lucas 5, 1-11
Liturgia
Color Verde
Ciclo C
Semana Salterio I
Escolástica
5º Domingo del T.O

Cita del día

Los dos relatos que nos han referido la primera lectura y el evangelio de hoy siguen el esquema bíblico clásico de las llamadas a colaborar con Dios en la salvación del pueblo. En ese esquema está previsto siempre un primer movimiento, «centrípeto», en el que Dios (o Jesús) atrae de una manera irresistible al llamado hacia él, haciéndole pasar por una intensa experiencia religiosa; y, después, viene un segundo movimiento, «centrífugo», en el que el llamado es vuelto a enviar a su pueblo, repleto de fuerza y de valor para obrar a favor del mismo: «¿A quién enviaré?, ¿quién irá por nosotros?» (...) «Vete a decir a este pueblo» (Is 6,8.9). «No temas; desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5,10). 
La llamada de Dios no se dirige a unos de manera exclusiva (sacerdotes, religiosos, religiosas), sino que, como ha confirmado en sus documentos el Concilio Vaticano II, se dirige a todos y cada uno de los bautizados. Cada uno de nosotros está invitado a «trabajar» por la salvación de los hermanos, según las hermosas palabras de Pablo que aparecen en el fragmento de la primera Carta a los Corintios que acabamos de leer: «La gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Al contrario, he trabajado más que todos los demás; bueno, no yo, sino la gracia de Dios conmigo» (1 Cor 15,10). 
En consecuencia, deberemos preguntarnos si nuestro «trabajo» se encuadra en la visión evangélica de las cosas. Habremos de preguntarnos, entre otras cosas, si es consecuencia de habernos dejado fascinar, como los discípulos y Pedro, por Jesucristo y por su preocupación central. Porque ésa es la raíz de toda auténtica actividad eclesial. El resto puede ser activismo, mera búsqueda de nuestra propia satisfacción e incluso exhibicionismo: un «pescar hombres» no para aquella vida abundante que Jesús ha venido a traernos (Jn 10,10), sino para nosotros mismos, o sea, para la muerte. Sólo volviendo a reavivar con frecuencia el fuego en nuestro contacto con él podremos también nosotros ir a los otros, como Pablo, llevándoles el gran anuncio de la resurrección, que es victoria de la vida sobre la muerte.

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Domingos del Tiempo Ordinario Lectio Divina para cada día del año: Domingos del Tiempo Ordinario

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
Isaías 6, 1-2a. 3-8

Lectura del libro de Isaías

El año en que murió el rey Ozías, vi al Señor sentado en su alto y excelso trono. El ruedo de su manto llenaba el Templo. 
Por encima de él había serafines. Se gritaban entre sí, diciendo: «Santo, santo, santo, el Señor del universo; la tierra toda rebosa de su gloria». 
Los quicios de las puertas temblaron ante el estruendo de su voz, y el Templo se llenó de humo. 
Me dije entonces: 
«¡Ay de mí, estoy perdido! 
Soy un hombre de labios impuros, 
yo, que habito entre gente de labios impuros, 
y he visto con mis propios ojos 
al Rey, Señor del universo». 
Voló entonces hacia mí uno de los serafines, con un ascua en su mano; la había tomado del altar con unas tenazas y la puso en mi boca diciendo: «Al tocar esto tus labios, tu culpa desaparece, se perdona tu pecado». 
Oí la voz del Señor, que decía: 
¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? 
Contesté: 
«Yo mismo. Envíame».

Salmo:
137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8

R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

      Te doy gracias de todo corazón,
          en presencia de dioses te canto.
          Me postraré ante tu santo Templo. R/.

      Por tu amor y tu verdad te alabaré,
          pues haces que tu promesa supere tu fama.
          Cuando clamé, me respondiste,
          hiciste que aumentara mi fuerza. R/.

      Señor, te alabarán todos los reyes de la tierra
          cuando escuchen las palabras de tu boca.
          Cantarán en los caminos del Señor
          que la gloria del Señor es inmensa. R/.

      Tu diestra me pone a salvo.
          El Señor acabará lo que ha hecho por mí.
          ¡Señor, tu amor es eterno!
          ¡No abandones la obra de tus manos! R/.

Segunda lectura:
1 Corintios 15, 1-11

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios

Quiero recordarles, hermanos, el mensaje de salvación que les anuncié. El mensaje que ustedes recibieron, en el que se mantienen firmes y por el que están en camino de salvación, si es que lo conservan tal como yo se lo anuncié. De lo contrario, se habrá echado a perder su fe. 
Primero y ante todo, les transmití lo que yo mismo había recibido: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a lo anunciado en las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a esas mismas Escrituras; que se apareció primero a Pedro y, más tarde, a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, de los cuales algunos han muerto, pero la mayor parte vive todavía. Se apareció después a Santiago, y de nuevo a todos los apóstoles.
Finalmente, como si se tratara de un hijo nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí, que soy el más pequeño entre los apóstoles y que no merezco el nombre de apóstol, por cuanto perseguí a la Iglesia de Dios. 
Pero la gracia divina ha hecho de mí esto que soy; una gracia que no se ha malogrado en cuanto a mí toca. Al contrario, me he afanado más que todos los otros; bueno, no yo, sino la gracia de Dios que actúa en mí. De cualquier modo, sea yo, sean los demás, esto es lo que anunciamos y lo que ustedes han creído. 

Evangelio:
Lucas 5, 1-11

Lectura del santo evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, estaba Jesús a orillas del lago de Genesaret y la gente se apiñaba a su alrededor deseosa de escuchar la palabra de Dios. Atracadas a la orilla, Jesús vio dos barcas. Los pescadores habían descendido de ellas y estaban lavando las redes. 
Subiendo a una de las barcas, rogó a su dueño, Simón, que la apartara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca, y desde allí estuvo enseñando a la gente. 
Cuando acabó su discurso, dijo a Simón: 
—Rema lago adentro y echen las redes para pescar. 
Simón le contestó: 
—Maestro, hemos pasado toda la noche trabajando y no hemos pescado nada; pero, puesto que tú lo dices, echaré las redes. 
Así lo hicieron; y recogieron tal cantidad de pescado que las redes estaban a punto de romperse. Entonces avisaron por señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Llegaron ellos y llenaron las dos barcas, hasta el punto que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: 
—Señor, apártate de mí, que soy un pecador. 
Y es que el temor los había invadido a él y a todos sus compañeros a la vista de la gran redada de peces que habían capturado. Lo mismo les ocurría a Santiago y a Juan, los hijos de Zebedeo, que acompañaban a Simón en la pesca. 
Pero Jesús dijo a Simón: 
—No tengas miedo. Desde ahora serás pescador de hombres. 
Y después de sacar las barcas a tierra, lo dejaron todo y se fueron con Jesús. 

Color verde
Este color simboliza esperanza, paz, serenidad y ecología. Es usado durante el Tiempo Ordinario, en los feriados y los domingos que no exigen otro color (solemnidades, fiestas de santos).
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