Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información
Zona personal
ok
ok Avanzado
Mi cesta
Vacía
Tienda Digital EVD Catálogo General

de enero (10)

Anteriorjueves, 10 de enero de 2019 Siguiente

Lecturas Bíblicas
1 Juan 4, 19–5, 4
71, 1-2. 14 y 15bc. 17
Lucas 4, 14-22a
Liturgia
Color Blanco
Ciclo C
Semana Salterio II
Nicanor

Cita del día

Todo el evangelio no es otra cosa que el anuncio del amor de Dios hecho visible en la persona de Jesús. Amar a Dios quiere decir colocarse en la perspectiva de Dios, que ama a todo ser creado y no vacila en sacrificar a su propio Hijo unigénito para la salvación de todos los hombres. Vivir para los otros, darse, sacrificarse por su bien es vivir como Dios, es hacer lo que Jesús quiere que hagamos. Por eso hoy es urgente para todos «el deber de hacernos generosamente prójimos de todo hombre y ayudar con hechos a quien nos pasa al lado, anciano abandonado por todos o trabajador extranjero injustamente despreciado, o emigrante, o niño nacido de una unión ilegítima...» (GS 27). No podemos creernos verdaderos hijos de Dios si no nos sentimos hermanos de todo hombre, especialmente del más pobre y desgraciado.
Esta fe no sólo anima nuestra caridad cristiana en su vasto campo de operaciones, sino que se convierte en una fuerza gigantesca para luchar contra todo pecado de abuso, intolerancia, injusticia, violencia, contra todo coletazo de egoísmo, de atropello, de odio, que dominan todavía hoy en el mundo. «Solamente se puede inducir a alguien a creer en el Dios cristiano haciéndoselo amar, y se educa en el amor solamente en la medida que se ama a la persona que se trata de educar y al Dios que se trata de proponer a su amor» (R. Guelluy). Pero la lección más hermosa que podemos dar del amor a Dios y a los hermanos es la de manifestar, no sólo con palabras sino con nuestro testimonio de vida coherente, que somos capaces de amar.
 

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Navidad Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Navidad

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
1 Juan 4, 19–5, 4

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan

Queridos hermanos:
Amemos, pues, nosotros, porque Dios nos amó primero. Quien dice: «Yo amo a Dios», pero al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, si no es capaz de amar al hermano, a quien ve? En fin, este mandamiento nos dejó Cristo: que quien ama a Dios, ame también a su hermano.
Si creemos que Jesús es el Cristo, somos hijos de Dios. Ahora bien, no es posible amar al padre sin amar también al que es hijo del mismo padre. Y conocemos que estamos amando a los hijos de Dios, cuando de veras amamos a Dios cumpliendo sus mandamientos, puesto que amar a Dios consiste en cumplir sus mandamientos. No se trata, por lo demás, de preceptos insoportables, ya que los hijos de Dios están equipados para vencer al mundo. Nuestra fe, en efecto, es la que vence al mundo.

Salmo:
71, 1-2. 14 y 15bc. 17

R/. Se inclinarán ante ti, Señor,
          todos los reyes de la tierra.

      Oh Dios, confía tus juicios al rey,
          tu justicia al hijo del monarca.
          Él juzgará a tu pueblo con justicia,
          a los humildes con rectitud. R/.

      Los librará del engaño y la violencia,
          la sangre de ellos es preciosa a sus ojos.
          Que oren siempre por él,
          que sin cesar se le bendiga. R/.

      Que su fama dure por siempre,
          que perdure por siempre bajo el sol;
          que en su nombre se bendiga,
          que todas las naciones lo elogien. R/.

Evangelio:
Lucas 4, 14-22a

Lectura del santo evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, Jesús lleno del poder del Espíritu Santo, regresó a Galilea. Su fama se extendió por toda aquella región. Enseñaba en las sinagogas y gozaba de gran prestigio a los ojos de todos.
Llegó a Nazaret, el lugar donde se había criado, y, como tenía por costumbre, entró un sábado en la sinagoga, y se puso en pie para leer las Escrituras. Le dieron el libro del profeta Isaías y, al abrirlo, encontró el pasaje que dice:

El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha consagrado
para llevar a los pobres
la buena noticia de la salvación;
me ha enviado a anunciar
la libertad a los presos
y a dar vista a los ciegos;
a liberar a los oprimidos
y a proclamar un año en el que
el Señor concederá su gracia.

Cerró luego el libro, lo devolvió al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todos los presentes lo miraban atentamente. Y él comenzó a decirles:
—Este pasaje de la Escritura se ha cumplido hoy mismo en presencia de ustedes.
Todos le manifestaban su aprobación y estaban maravillados por las hermosas palabras que había pronunciado.

Color blanco
Color que hace referencia a la resurrección de Jesús, siendo el color más solemne en la liturgia. Simboliza la alegría y la paz. Se usa durante el tiempo de Pascua y el tiempo de Navidad. Se emplea también en las fiestas y solemnidades del Señor no relativas a la Pasión, incluida la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, en las fiestas de la Virgen María y de los santos que no murieron mártires.
Editorial Verbo Divino ● Avda. Pamplona, 41, 31200 Estella (Navarra), España ● Tel. 948 55 65 11 ● Mail. evd(AT)verbodivino.es
Project by 3emultimedia